El informe más reciente de la organización Corporación Latinobarómetro señala que El Salvador opera bajo un régimen dictatorial o autocrático, ubicándolo como el país de la región con menor apoyo a la democracia desde que comenzaron sus mediciones en 1995.
Lo que debes saber:
Desafección con la democracia de toda la vida
El informe señala que la población salvadoreña ha vivido una marcada desafección hacia el sistema democrático tradicional, abriendo paso a la consolidación de liderazgos autoritarios.
Según el estudio regional, la caída de la confianza en las instituciones democráticas coincide con una reconfiguración profunda de la percepción pública sobre el funcionamiento del Estado.
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La medición advierte sobre la desconsolidación de las reglas democráticas y el aumento de la tolerancia ciudadana hacia regímenes que concentran el poder, siempre que estos prometan resolver problemas inmediatos como la seguridad o el orden social.
Analizando las causas institucionales tras estos hallazgos, el abogado Rafael Jerez, analista de HCH, profundizó en cómo la ciudadanía ha dejado de percibir la estructura democrática como una herramienta funcional para la garantía de sus derechos.
“El hallazgo no es nuevo, pero lo que básicamente implica es que, como sistema, es decir, las reglas con las que funciona la sociedad, que en este caso uno de esos es la democracia, las personas ya no la visualizan como el sistema que permite que la sociedad funcione y que, a su vez, las personas puedan satisfacer sus derechos”, simplificó.
Jerez añadió que este tipo de diagnósticos internacionales clasifican la gestión estatal en función de los contrapesos perdidos. Señaló que existe un fenómeno en el cual parte de la población manifiesta preferencia por regímenes autoritarios bajo la premisa de que sus derechos cotidianos son mejor garantizados bajo ese esquema que en una democracia con contrapesos institucionales más lentos.
Un dictador, pero “querido”
Por otro lado, la figura del presidente Nayib Bukele ha resultado determinante en la evaluación política del país centroamericano. Según el reporte de Latinobarómetro, el mandatario ha redefinido el ejercicio del poder mediante la alteración de normas y la eliminación de límites constitucionales.

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“Bukele, en efecto, es un dictador, o sea, puede ser considerado uno porque básicamente ha eliminado los límites para ejercer el poder, pero que él sea presidente, un político de corte autoritario, no significa que no haya gente que lo apoye […] al concentrar el poder, ha logrado hacer lo que quiere y, claro, muchas de esas acciones resultan populares”, expresó Jerez sobre la popularidad que mantiene el líder salvadoreño pese a su estilo de gobernar.
El informe de Latinobarómetro concluye que el caso salvadoreño ilustra una tendencia regional preocupante, donde la pérdida de confianza en los contrapesos democráticos ha acelerado la aparición de regímenes de fuerza con un amplio respaldo entre la población, desmantelando la institucionalidad desde las urnas y erosionando el Estado de derecho.