España estrenaba la que sería su segunda estrella. Un peso que la sitúa como favorita, pero que al mismo tiempo impone respeto y da sustento a sus rivales donde quiera que juegue. Todo ello ante Inglaterra, en la catedral del fútbol británico, a apenas un tiro de casa, aunque se sienta lejano. No iba a pasar desapercibido. Porque casi cinco mil gargantas empujaban a los pupilos de De la Fuente en Wembley y, antes de que el estadio pudiera ponerse de pie, Lamine Yamal golpeó de entrada. Un fallo grave de Guéhi al sacar la pelota dejó al extremo delante del portero Trafford. El desvío del palo terminó dentro.
Parecía que España podía sentenciar el partido. Tuvo ocasiones para hacerlo e incluso un gol anulado. Bien, por cierto. Ferran estaba medio cuerpo por delante. No iba a ser la única. De nuevo, el 7 se sacaba un control magistral al pase de Rodri entre los dos centrales para plantarse delante del portero. Gigante Trafford que salvaba los muebles. Y una última. Y otra vez Ferran. Misma jugada (esta vez con Lamine de asistente) dejaba solo a Ferran mano a mano. Tenía más tiempo y más espacio, pero el mismo final. Cruzó mucho el disparo El Tiburón.