La marina de Estados Unidos lleva 20 años pidiendo submarinos peruanos para entrenar a sus destructores porque casi no consiguen detectarlos

27 de septiembre de 2026

Durante dos décadas, la Armada estadounidense ha encontrado en los submarinos peruanos un reto poco común. En aguas abiertas y, sobre todo, en escenarios litorales, esas naves han puesto a prueba los destructores más modernos, obligándolos a perfeccionar sus tácticas de guerra antisubmarina. No es casualidad: hay una combinación de silencio extremo, tripulaciones disciplinadas y un entorno acústico que premia la paciencia y la astucia.

Por qué fijarse en submarinos peruanos

Los sumergibles peruanos de origen alemán, conocidos como clase Angamos (Tipo 209), han sido modernizados con sensores, gestión de combate y reducción de ruido. Operan donde la acústica es caótica, cerca de la costa, con fondos irregulares y tráfico marítimo intenso. Ese “laberinto” dificulta la detección y convierte cada entrenamiento en un laboratorio de lecciones reales.

“Entrenar contra un adversario realmente silencioso es invaluable”, se repite a menudo en la comunidad antisubmarina. “Si puedes cazar en un entorno litoral, podrás cazar en cualquier parte”, añaden instructores que priorizan el realismo sobre la teoría.

El atractivo táctico del diésel-eléctrico

Un submarino diésel-eléctrico, cuando opera con baterías, es casi un susurro en la columna de agua. Su “firma” depende de la velocidad, del mar y de cómo gestiona sus sistemas. Frente a él, un destructor debe equilibrar sonar activo y pasivo, helicópteros, boyas y drones.

  • Silencio en modo batería, difícil de captar con sonar pasivo.
  • Capas térmicas y corrientes que quiebran la propagación del sonido.
  • Maniobras pacientes y perfil bajo que explotan la geografía.
  • Tripulaciones con mucha horas de mar y disciplina de ruido.
  • Modernizaciones que actualizan sensores y contramedidas acústicas.

Ejercicios que marcan la diferencia

Desde UNITAS hasta SIFOREX, la cooperación ha sido constante y, sobre todo, útil. En esas maniobras, los destructores estadounidenses prueban doctrinas, calibran sensores y ajustan procedimientos. El objetivo no es “ganar” un juego, sino afinar la intuición operativa y descubrir dónde fallan los supuestos.

“Las mejores lecciones llegan cuando el mar te deja ciego”, confiesan veteranos de ASW tras ejercicios brumosos y noches de silencio. Esos días en que un contacto se evapora recuerdan que la guerra submarina es una ecuación de paciencia y pequeños indicios.

Qué aprenden los destructores

Primero, a combatir la ansiedad del silencio, que empuja a encender sonar activo antes de tiempo. Segundo, a coordinar plataformas: helicópteros, fragatas, P-8A, y boyas que crean una red de escucha. Tercero, a “leer” el mar: termoclinas, reverberación y ruido de fondo que enmascaran pistas esenciales.

Los mandos insisten en la disciplina de firmas: reducir cavitación, modular revoluciones, cuidar la “voz” de cada hélice. Cada decibel importa, porque el enemigo quizá está a kilómetros o quizá a tu lado, pegado a la capa que nadie vio en el briefing.

Una relación de mutua ventaja

Para Perú, estos entrenamientos traen interoperabilidad y validación de procesos con marinas de alto nivel. Para Estados Unidos, representan una prueba realista, barata y políticamente valiosa. Se comparte doctrina, se mejora la seguridad marítima y se refuerzan lazos regionales.

Más allá de lo técnico, hay confianza. Esa que permite planificar escenarios exigentes, probar tácticas no publicadas y reconocer errores sin temor a la vitrina de la propaganda. En ese espacio, ambos aprenden y ambos ganan.

Lo que viene en el horizonte

El futuro suma variables: submarinos con AIP, drones autónomos, inteligencia de señales y fusión de datos impulsada por IA. Pero el principio permanece: quien entienda mejor el agua y su acústica tendrá la ventaja. Y pocos profesores son tan duros como un diésel-eléctrico bien llevado.

“Lo difícil hace al marinero mejor; lo imposible, lo hace creativo”, se escucha en cubierta tras una derrota didáctica. Nadie celebra ser “cazado”, pero todos celebran una trampa que te obliga a pensar distinto la próxima vez.

Más que un “enemigo” de práctica

Los submarinos peruanos no son un truco de entrenamiento, sino una medida de realidad. Su eficacia obliga a revisar mapas, tácticas y el calendario de mantenimiento. Invitan a los destructores a dudar, a modular la impaciencia y a escuchar un poco más el mar.

En tiempos de sensores más sensibles y pantallas más brillantes, el océano sigue oscuro. Y en esa oscuridad, una hélice que no cavita y una tripulación que no habla pueden convertir un ejercicio en una lección que dura veinte años… y quizá un poco más.

Edwin Rolando Amaya

Cubro la actualidad hondureña con especial atención a los temas sociales y las dinámicas locales. Mi objetivo es hacer la información clara y útil, yendo a lo esencial sin perder de vista la realidad del terreno. A través de mis artículos, busco ofrecer una mirada precisa y accesible sobre los hechos que importan.