Aunque muchos le envidian y despotrican, en especial entre los hondureños acostumbrados a criticar y cuestionar a su connacional que alcanza el triunfo y sobrepasa los umbrales de pobreza e ignorancia.
Maldonado proviene de las entrañas de su pueblo y no olvida sus orígenes humildes, arraigados en la vida rural, como algunos de sus colegas encumbrados llaman a todo hondureño nacido fuera de la ” culta capital ” Tegucigalpa.
Eduardo es un hondureño que puso micrófonos y cámaras al servicio de la gente, desde la señora que vende tortillas y flores en los mercados hasta obreros, campesinos, ministros, diputados, presidentes, artistas, figuras tanto rurales como urbanas; a todos les brindó la oportunidad de expresarse libremente .
Sin demasiadas normas, más que el léxico catracho y la auténtica idiosincrasia del hondureño de a pie o del que se ha elevado entre las mieles del poder y la riqueza, hay sitio para todos, sin guiones ni cuestionarios prefabricados. Con su innovador proyecto mediático HCH, Eduardo Maldonado transformó las reglas del periodismo cómodo, rompió con los modelos importados de un periodismo conservador y dio paso a un periodismo plural al modo hondureño.
(*) ¡Qué fenómeno tan impresionante representa HCH en Honduras! Honduras es tierra de colosos y el éxito no debe ser objeto de críticas, sino celebrado con orgullo catracho, liderado por el incansable Don Eduardo Maldonado Macías. ¡El señor Maldonado rompió todos los estereotipos clásicos y transformó la televisión nacional para siempre! Su fórmula es magistral y única: llevó las cámaras al mismo corazón del pueblo, a cada barrio, a cada aldea y a cada rincón olvidado del país. Allí donde está la gente común, allí se ve la señal de HCH. Con un dinamismo que mezcla la cruda realidad de la política actual y lo folklórico, junto con la frescura de su equipo periodístico, logró democratizar el micrófono y cautivar a la audiencia a nivel nacional. ¡Qué enseñanza tan asombrosa de superación y visión empresarial! De ser un reportero radial de origen humilde en Comayagua —afectuosamente conocido como “Piquito Maldonado”— ascendió con esfuerzo propio hasta convertirse en un magnate de los medios. Por eso provoca tantas pasiones. Quienes hablan mal de él ahora lo hacen por pura envidia, porque a muchos duele y no pueden soportar ver que alguien humilde alcance la cima. ¡Qué mentalidad tan equivocada! Como hondureños, en lugar de criticar o destruir, deberíamos sentirnos profundamente orgullosos por los logros de nuestros compatriotas que se superan y elevan el nombre de nuestra tierra. A diferencia de otros que se dejaron seducir por la fama, el dinero y los lujos de las élites, Don Eduardo nunca perdió su esencia popular ni su identidad campesina. Supo entender a la perfección el negocio de la publicidad y el mercadeo, manteniéndose con los pies en la tierra. ¡Es un verdadero profeta en su propia tierra! Hoy puede vestir trajes de diseñador o manejar autos de lujo, pero conserva esa personalidad campechana capaz de compartir un café con un obrero o de celebrar un banquete con magnates. ¡Qué bofetada con guante blanco para quienes en su día lo miraron por encima del hombro o le cerraron las puertas! Con una actitud inquebrantable ante las críticas y con su característico léxico popular de que todo “le resbala y nos pela el eje”, Don Eduardo Maldonado forjó con éxito su propio sueño americano sin abandonar Honduras. (Sandra Ulloa- Picafonews 2026 )