Chamel Abdulkarim, un empleado de treinta años, es acusado de prender fuego a un depósito de Kimberly-Clark situado en Ontario, California, lo que habría causado daños de varios millones.
Según el Los Angeles Times, la fiscalía sostiene que la acción se debió a salarios bajos, y la defensa niega que hubiera intención de dañar a personas.
El debate judicial va más allá de la autoría. Los fiscales respaldan su posición basándose en videos difundidos en redes sociales y en mensajes que Abdulkarim habría enviado a compañeros y amigos.
El eje del conflicto es si las críticas de Abdulkarim al costo de vida, al sistema capitalista y a su empleador reducen su responsabilidad o fortalecen la acusación de que actuó con desprecio por la seguridad ajena.
En uno de los videos, grabado mientras el depósito seguía ardiendo, se lo oye decir: “Si no nos van a pagar lo suficiente para vivir o para poder vivir, al menos páguennos lo suficiente para no hacer esto. Lo único que tenían que hacer era pagarnos lo suficiente para vivir”.
La fiscalía sostiene que puso en riesgo a 18 trabajadores
Abdulkarim se declaró no culpable. Sus abogados sostuvieron ante el tribunal que debía esperar el juicio en libertad porque su conducta, según su versión, se dirigió contra bienes y beneficios empresariales, no contra personas.
El defensor público adjunto Matthew Magorien argumentó en una audiencia del 10 de junio que “los hechos alegados en este caso sugieren de forma abrumadora que el objetivo aquí eran las ganancias corporativas”.