Miles de militares cubanos trabajan dentro de las fuerzas armadas de Venezuela y el acuerdo nunca se publicó

28 de octubre de 2026

En los pasillos del poder en Caracas, susurros y documentos parciales apuntan a una realidad incómoda. Para altos mandos y asesores, la cooperación con La Habana ya no es un rumor, sino una práctica consolidada. Lo que falta, coinciden varios analistas, es la claridad de un marco legal visible.

La presencia de personal extranjero en tareas sensibles de defensa genera preguntas urgentes. ¿Quién supervisa, quién decide y bajo qué condiciones se firma la letra pequeña que regula una cooperación estratégica y de largo plazo?

Un despliegue silencioso y persistente

Desde hace más de una década, expertos en seguridad regional describen un patrón de intercambio: asesores, instructores y operadores de inteligencia llegados desde la isla, integrados a nodos clave de mando. Un oficial retirado venezolano, que pide anonimato, lo resume sin rodeos: “No es un secreto; es una arquitectura pensada para asegurar lealtades y capacidades críticas”.

La cifra exacta es un enigma, pero funcionarios y exmilitares consultados por investigadores independientes mencionan “contingentes” que rotan por unidades selectas, centros de comunicaciones y escuelas de formación. “No son turistas; ocupan puestos con acceso a información sensible”, afirma un analista de defensa con sede en Bogotá.

La cooperación, sostienen fuentes regionales, incluye entrenamiento en contrainteligencia, manejo de señales y protocolos de protección de autoridades. Para un asesor caribeño, se trata de “transferir métodos probados en control interno y disciplina organizacional”.

Vacíos legales y opacidad

El mayor punto de fricción no es solo la presencia, sino el carácter opaco del convenio que la haría posible. Diversos observadores señalan que el instrumento jurídico que sustenta la cooperación no ha sido divulgado en Gaceta ni sometido a escrutinio parlamentario.

“Sin publicación ni debate, la frontera entre asesoría y injerencia se vuelve borrosa”, dice una abogada especializada en derecho administrativo. Para ella, la falta de transparencia erosiona los controles y deja a la ciudadanía sin respuestas. Voceros oficiales han encuadrado la relación como “cooperación técnico-militar” dentro de marcos bilaterales habituales, sin ofrecer detalles concretos.

Voces desde los cuarteles

En unidades donde se cruzan idiomas y doctrinas, surgen relatos dispares. “Llegan con manuales propios y una cadena de reportes que no siempre coincide con la nuestra”, comenta un suboficial activo, reacio a dar su nombre. Según su testimonio, la presencia externa ha modificado rutinas y prioridades de formación.

No todos lo ven con malos ojos. Un capitán en retiro destaca el intercambio de experiencia en seguridad de instalaciones, logística bajo sanciones y mantenimiento de equipos. “Han soportado escasez y presiones durante décadas; esa escuela práctica tiene valor”, afirma, aunque pide reglas “más claras y visibles”.

Impacto en la doctrina y el control

La huella más duradera podría sentirse en la doctrina y en las redes de comando. Especialistas en asuntos civiles-militares señalan un sesgo creciente hacia la seguridad interna, la priorización de la lealtad política y el refuerzo de los anillos de protección alrededor del alto mando. “Es una ingeniería de resiliencia organizacional que reduce márgenes de disidencia”, sostiene un investigador universitario.

En paralelo, los mecanismos de auditoría y rendición de cuentas parecen rezagados. Si el convenio existe pero no es público, se dificulta medir costos financieros, protocolos de responsabilidad y las salvaguardas de soberanía. “Cooperar no es ceder, pero la línea se difumina cuando la letra no se conoce”, resume una consultora en gobernanza institucional.

Lo que sí se sabe y lo que falta

Pese a la niebla informativa, hay puntos relativamente consistentes en informes periodísticos y académicos. Aun así, quedan interrogantes cruciales por despejar:

  • Áreas de despliegue y funciones precisas en inteligencia, entrenamiento y comunicaciones.
  • Mecanismos de supervisión civil y militar, y rutas de rendición de cuentas.
  • Duración, renovación y alcances presupuestarios del acuerdo bilateral.
  • Criterios de selección de personal y reglas de responsabilidad ante incidentes.

“Mientras el marco siga oculto, la conversación será rehén de la sospecha”, apunta un periodista de investigación con foco regional. A su juicio, el silencio oficial alimenta la polarización y arrastra el debate hacia trincheras de consigna más que de evidencia verificable.

Para la sociedad venezolana, el dilema no es la cooperación en sí, práctica común entre Estados, sino su arquitectura invisible. Sin transparencia, la confianza institucional se resiente; con reglas claras, los ciudadanos pueden evaluar costos, beneficios y riesgos. En tiempos de tensiones geopolíticas y economías bajo presión, la seguridad no solo se mide por la fuerza de las armas, sino por la solidez de los acuerdos que las ordenan.

Edwin Rolando Amaya

Cubro la actualidad hondureña con especial atención a los temas sociales y las dinámicas locales. Mi objetivo es hacer la información clara y útil, yendo a lo esencial sin perder de vista la realidad del terreno. A través de mis artículos, busco ofrecer una mirada precisa y accesible sobre los hechos que importan.