El senador Flávio Bolsonaro, cabeza de la oposición en las elecciones presidenciales de octubre en Brasil, afirmó este domingo que abrirá cupos para medio millón de reclusos en el sistema penitenciario del país, entre otras medidas tomadas bajo la influencia de la estrategia de seguridad del presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
«Tenemos que ampliar la capacidad de las cárceles. Hay una cifra de internos muy baja en Brasil; necesitamos encarcelar a más personas, pero no lo logramos debido a una normativa demasiado débil», declaró el líder ultraderechista en una entrevista realizada tras un encuentro en Sao Paulo con Gustavo Villatoro, ministro de Justicia y Seguridad Pública de El Salvador.
El primogénito del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) aseguró que su programa de Gobierno prevé la apertura de nuevas cárceles y la ampliación de las existentes para crear al menos 500.000 nuevos cupos en el sistema carcelario.
Agregó que esa capacidad resulta necesaria porque su objetivo es enviar a la cárcel incluso a quienes roban teléfonos móviles, para que cumplan condenas de no menos de ocho años.
«Escuelas para el crimen»
Además, indicó que su plan incluye medidas para que los presos no reciban beneficios que les permitan la libertad condicional y para que permanezcan incomunicados.
Para ello, afirmó, buscará una mayoría en el Congreso que permita la creación de leyes que impidan las salidas de los presos de las cárceles y que eviten que los presidios se conviertan en «escuelas del crimen».
«De esa forma el recluso sabrá que tendrá que permanecer preso, que tendrá que pagar por los crímenes que cometió, y eso, sin duda, desincentivará a mucha gente a continuar practicando crímenes», dijo.
La creación de cinco prisiones
Bolsonaro insistió en que, a pesar de contar con unos 965.000 reclusos, Brasil no retiene a muchas personas en prisión y ocupa la tercera posición en el mundo por población carcelaria, solo por detrás de Estados Unidos y China. La comunidad penitenciaria continúa creciendo a un ritmo del 3,3% anual, y los presos ya superan la capacidad de las cárceles en un 28%, viviendo en condiciones de hacinamiento.