La inteligencia artificial y los complejos sistemas informáticos se han convertido en protagonistas inesperados de la Fórmula 1 2026. Varios pilotos aseguran que el nuevo reglamento técnico ha dado tanto poder a la gestión electrónica que, en muchos momentos, el rendimiento del monoplaza depende más de los algoritmos que de las manos del piloto.
Uno de los más críticos ha sido Oscar Piastri, quien afirmó que las posiciones en la parrilla parecen decidirse por “ordenadores que se comportan bien o mal”, reflejando la frustración que existe dentro de varios equipos por la dificultad para entender el funcionamiento de las nuevas unidades de potencia y los sistemas de gestión energética.
Con este marco regulatorio, los monoplazas muestran una dependencia creciente de la energía eléctrica y de sofisticados programas que regulan la potencia en cada vuelta. Incluso los ingenieros admiten que, bajo determinadas circunstancias, resulta difícil justificar por qué un coche reduce su velocidad en la recta o modifica de forma drástica su rendimiento.
El debate ya sacude al paddock: mientras la FIA defiende la innovación tecnológica, emergen voces advirtiendo que la Fórmula 1 podría convertir a sus pilotos en “rehenes” de la inteligencia artificial y de los sistemas informáticos, en lugar de premiar exclusivamente el talento al volante.