La única academia militar de Europa que forma a cadetes de América Latina está en Zaragoza y cada año llegan más

2 de noviembre de 2026

El fenómeno lleva años tomando forma: jóvenes oficiales de Colombia, Perú, Chile o México eligen Zaragoza para su formación inicial y se integran en un ritmo que combina doctrina, universidad y campo de maniobras. Cada curso llegan más, atraídos por un ecosistema que mezcla tradición militar y capacidad académica, pero también por una sintonía cultural que facilita la confianza desde el primer día.

En un continente donde la profesionalización castrense gana peso, España se ha convertido en una referencia que ofrece estándares OTAN, instrucción de alta intensidad y una red de cooperación que trasciende los aulas. “Aquí compartimos idioma, pero sobre todo compartimos valores militares”, resume un alférez peruano con una sonrisa nerviosa antes de un ejercicio nocturno.

Por qué Zaragoza atrae a América Latina

El factor idiomático pesa, pero no es el único. La cadencia del plan de estudios, el acceso a infraestructuras de primer nivel y la compatibilidad doctrinal construyen un imán sostenido.

  • Proximidad cultural y lingüística que acelera la integración
  • Reconocimiento de títulos y marcos de cooperación bilateral
  • Entrenamiento en climas y terrenos diversos (Pirineo y San Gregorio)
  • Red de exalumnos con proyección internacional y vínculos duraderos

“Nos interesa la metodología: mucha práctica, mucha táctica, y evaluación constante de la liderazgo”, explica un capitán chileno de intercambio, señalando el campo de maniobras mientras cae la tarde. Para los ministerios de Defensa latinoamericanos, la ecuación es clara: estándares europeos, costes competitivos y una interoperabilidad que luego facilita misiones conjuntas.

Cómo es la formación

La rutina es exigente y está diseñada para moldear carácter y criterio. Madrugón, instrucción física, tiro, tácticas de sección, y bloques académicos con el Centro Universitario de la Defensa, donde se cursa un grado en Ingeniería de Organización Industrial. Esta combinación ancla la toma de decisiones en una base técnica, y prepara para escenarios complejos.

La vida en la academia alterna días en el aula con ejercicios en el Campo de San Gregorio, uno de los más amplios de Europa. Allí se ensayan desde patrullas de reconocimiento hasta operaciones mecanizadas, pasando por combate en localidad y navegación nocturna. “Buscamos líderes con carácter y cabeza, capaces de decidir bajo presión”, apunta un teniente coronel instructor mientras observa una práctica de evacuación.

Los cadetes internacionales siguen un itinerario adaptado, con tutorías de apoyo y módulos de derecho internacional operacional, ciberdefensa básica y logística expedicionaria. Se fomenta el trabajo mixto en patrullas donde conviven acentos de Zaragoza, Quito o Bogotá, porque la diversidad es un recurso cuando la misión se vuelve incierta.

Un puente estratégico

Más allá del aula, la academia funciona como un puente geopolítico. España refuerza lazos de confianza, comparte procedimientos y abre una vía de intercambio que facilita ejercicios combinados, cursos avanzados y programas de estado mayor. Para América Latina, la experiencia aporta estándares comunes, vocabulario táctico alineado y una red de contactos que luego acelera la cooperación.

La dimensión simbólica también cuenta. Formarse con el mismo manual de tiro, la misma cartografía y la misma ética del mando crea una gramática compartida. “Cuando llegas a una misión y escuchas las mismas palabras de control de fuego, todo fluye más rápido”, admite un teniente colombiano que hoy sirve en su brigada ligera.

Voces desde dentro

“Al principio me costaron las marchas, pero aprendí a gestionar la fatiga y a leer el terreno”, confiesa una alumna mexicana mientras ajusta la funda del arma. Su meta es clara: volver a su país y liderar una sección motorizada. Otro compañero ecuatoriano destaca la disciplina suave pero firme: “Aquí el exigencia es alta y el respeto es mutuo; nadie te regala nada, pero todos te ayudan”.

Desde la dirección de estudios, la lectura es optimista. “Cada promoción trae más banderas latinoamericanas; no es una moda, es una tendencia”, comenta una capitán de enlace internacional. Según explica, el crecimiento es gradual, con cupos bien medidos para sostener la calidad del acompañamiento.

Mirando al futuro

El reto ahora es ampliar la oferta de especialidades, fortalecer la enseñanza de tecnologías emergentes y consolidar dobles titulaciones con más universidades. La demanda está ahí, y el modelo de cinco años que combina grado y formación militar gana prestigio en ambos lados del Atlántico.

Otro frente es la diversidad. Cada año aumenta la presencia de mujeres y de países menos habituales, lo que eleva el listón de la inclusión sin rebajar la exigencia. “La misión no entiende de acento ni de pasaporte; entiende de competencia”, remata el teniente coronel instructor, ya con la noche sobre el campo de entrenamiento.

Zaragoza seguirá recibiendo mochilas con banderas bordadas y acentos cruzados en el comedor. Entre formaciones, sudor y estudio, se tejen relaciones que luego resisten la distancia y el tiempo. Y cada curso, cuando suena el primer toque de diana, un puñado de futuros oficiales latinoamericanos vuelve a apostar por la misma idea: aprender aquí para servir mejor allí.

Edwin Rolando Amaya

Cubro la actualidad hondureña con especial atención a los temas sociales y las dinámicas locales. Mi objetivo es hacer la información clara y útil, yendo a lo esencial sin perder de vista la realidad del terreno. A través de mis artículos, busco ofrecer una mirada precisa y accesible sobre los hechos que importan.